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martes, 22 de septiembre de 2009

"En esta historia han sido determinantes las 'encamadas' y 'desencamadas'"

martes, 22 de septiembre de 2009 1

En la siguiente entrevista, Gustavo Gorriti nos cuenta algunos entretelones de Petroaudios y deja en claro, una vez más, cuál es su posición respecto del quehacer periodístico.

Gustavo, sin lugar a duda, la ‘bomba’ de Petroaudios es la revelación del vínculo que existió entre el candidato Alan García y Bussines Track durante la campaña del 2005-2006. ¿Ya tenías esa información o el dato apareció durante tu investigación?
Conocer el dato fue parte del proceso de investigación. La investigación usa diferentes métodos y confronta diversas circunstancias, y como la investigación de Petroaudios continúa en marcha, prefiero no discutir la metodología ni las circunstancias que fueron descubriendo diversos aspectos de ella.

En la introducción de tu libro llamas ‘Petrogate’ al caso ‘Petroaudios’ en alusión al caso Watergate. En tal sentido, ¿has tenido en tu investigación una fuente a la manera de ‘Garganta profunda’?
Por principio, no me baso en una fuente. Mis informantes son muchos, variados y a veces sorprendentes. Obviamente, dada la situación de algunas de estas fuentes, he tenido que hacer esfuerzos por proteger su identidad. Sin embargo, muchas personas han sido totalmente renuentes a brindarme información y algunas me han dado información falsa.

En investigaciones sobre casos corrupción suele descubrirse que los aspectos personales de los implicados juegan un papel importante en la historia. ¿El caso Petroaudios ha sido la excepción?
En esta historia han sido determinantes las filias, fobias, rencores, 'encamadas' y 'desencamadas' de los implicados. Sin embargo, yo tengo como regla no incluir aspectos personales en mis investigaciones, ya que me parece casi siempre innecesario y siempre innoble. La bajada de ropa interior la excluyo de mis indagaciones, excepto cuando tiene una relación inevitable con los hechos, es decir cuando nada sino eso los explica.

¿Durante tus indagaciones tuviste presiones o, peor aún, fuiste victima de algún tipo de intimidación para que no publicases los resultados de tu investigación?
No he sufrido ningún intento de intimidación. A estas alturas, todos nos conocemos lo suficientemente bien para saber quien puede ser intimidado y quien no. La ventaja que tengo sobre otros es que yo cuento con muchos años de experiencia en periodismo, experiencia que incluye cómo enfrentar las represalias.

Entonces, en comparación a La Calavera en negro, la cobertura de Petroaudios ha sido una tarea más sencilla para ti.
La calavera en negro fue una investigación peligrosa y difícil. Sus resultados fueron contundes, explosivos y dramáticos. Recuerdo que después de un mes haberse publicado el libro, un librero de la feria del parque de Miraflores me preguntó en broma “¿Cómo, todavía estás en vivo?”.

¿Crees que por ser tú Gustavo Gorriti te ha sido fácil o más bien complicado conseguir las fuentes y documentos en los que se sustenta Petroaudios?
Ambas cosas. Por un lado, la diferencia que tengo con un periodista joven es que yo conozco fuentes desde hace 30 años. En ese sentido, un periodista es en muchos aspectos la suma de sus fuentes humanas, individuales y documentarias. De otro lado, durante 30 años he creado y enfrentado rencores apasionados en unos y la sensación de peligro en otros, por lo que recabar información se me hace complicado. La experiencia, pues, tiene ventajas y desventajas.

En el capítulo Periodistas y espías criticas duramente al periodismo de investigación en nuestro país y, en especial, a los periodistas que develaron los petroaudios. ¿No crees que en casos de corrupción pueda ser legítimo que los periodistas funjan de espías?
Es peligroso cuando se confunden los papeles del periodismo y el espionaje, dos actividades que deberían ser diferentes y contrapuestas en la tarea de la búsqueda de información. Los periodistas, muchas veces, en lugar de llevar a cabo una investigación de servicio a la sociedad, terminan sirviendo a un determinado grupo de poder. Los periodistas debemos ser quienes manejemos la información y tengamos la seguridad de que no estamos actuando como relacionistas públicos, manejadores de imagen o portavoces de intereses determinados. El periodista es el tribuno de la plebe. Por eso cuando termina soltando cositas que van a favorecer el interés de determinado grupo o cuando actúa para mejorar la imagen de tal o cual, entonces ha prostituido su misión.

¿Consideras que tu posición respecto del quehacer periodístico es radical?
No soy radical, en lo absoluto. Es el ABC del periodismo.

¿Poner en práctica ese ABC en Petroaudios te ha traído algunas consecuencias personales?
De los pocos amigos que me quedaban, ahora tengo muchos menos. Seguramente algunos están buscando en una tienda vudú un muñeco que se parezca a mí.

¿Tuvo que ver en algo que hayas revelado los conflictos al interior de El Comercio?
Los periodistas, editores y directivos de El Comercio son tan sujetos de información como aquello que ellos cubren. Si por eso alguien empieza a cacarear como si hubiera puesto un huevo, revela entonces que es profundamente hipócrita, y puede irse cincuenta veces al diablo. He entrevistado a los unos y a los otros y he contrastado versiones. Y si hay algo que no es cierto en lo que he contado, entonces tendré que rectificarme de inmediato.

Ya para terminar, Gustavo ¿En la segunda entrega de Petroaudios podremos conocer al fin la identidad de quién o quiénes pagaron y encargaron el ‘chuponeo’?
Espero que sí, y sino un poquito después.
Por: Pedro Curico

jueves, 10 de septiembre de 2009

Petroaudios: aún resuena el escándalo

jueves, 10 de septiembre de 2009 0
La noche del domingo 5 de octubre de 2008, en el programa Cuarto Poder, de América Televisión, el ex ministro del Interior Fernando Rospigliosi presentó una serie de grabaciones que le habían sido proporcionadas por una fuente anónima. Los audios referían a conversaciones entre Alberto Químper, en ese entonces miembro de Perupetro –compañía estatal peruana encargada de promover la inversión extranjera en el sector hidrocarburos–; Rómulo León, ex ministro aprista; y Fortunato Canaán, promotor de la compañía Discover Petroleum. Para asombro e indignación de la audiencia, los involucrados negociaban decenas de miles de dólares por contribuir en que la empresa noruega se adjudicase cinco de los siete lotes de explotación petrolífera a los que había postulado en una subasta organizada por Perupetro. Eran, pues, los reveladores petroaudios.

Y es así como el periodista Gustavo Gorriti ha titulado la primera entrega de su exhaustiva y, por demás, valiosa investigación sobre los hechos. En ella, el lector acucioso podrá encontrar la información que le permitirá conocer a fondo cuáles fueron los eventos, los actores, las causas y las intenciones del caso de corrupción más sonado en lo que va del gobierno de Alan García y del que, por cierto, se ha comentado tanto, pero del que aún quedan más dudas que certidumbres. Por ello, esta primera entrega de Petroaudios trae consigo una revelación que, desde luego, dará mucho qué hablar. Cuando la justicia ha establecido ya la responsabilidad penal de Rómulo León y Alberto Químper, por el lado de los chuponeados, y Manuel Ponce y Giselle Giannotti, por el bando de los chuponeadores, Gorriti, con el arrojo y rigurosidad que le caracterizan, expone los vínculos que antes de estallar el escándalo unían a estos últimos con algunas figuras prominentes del Partido Aprista Peruano, entre ellas el mismísimo presidente García. Según Gorriti, Ponce y Giannotti fueron personas de confianza en el partido de gobierno desde 2005, cuando García requirió los servicios de Ponce durante la campaña presidencial. “¿Quién hubiera pensado que pudiera existir relación alguna entre Chávez, el MRTA y los petroaudios? Alan García menos que nadie”, escribe Gorriti. Así pues, a partir de los resultados de su investigación son más que nunca justificadas las sospechas de que existió una red de corrupción del más alto nivel en el denominado caso Petroaudios.

Petroaudios, además, no es solamente un recuento cronológico de la crisis ni de sus repercusiones en el Gobierno. Es también una crítica descarnizada al quehacer que ha distinguido a los periodistas de investigación desde la caída del régimen de Fujimori y la consecuente desaparición del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). En ese sentido, Gorriti no escatima palabras para comparar los servicios que brindan los espías con el trabajo de los hombres de prensa que desvelaron los petroaudios. “Un territorio que siempre debió ser de vigilancia, competencia y, excepcionalmente, de tensa y alerta relación, entre espías y periodistas, terminó siendo simbiótico en muchos casos”, subraya el también autor de La calavera en Negro (Planeta, 2006).

“El legado quizá involuntario de Montesinos fue, para utilizar los términos de hoy, la puesta en valor de la intimidad vulnerada. La electrónica posibilitó la presencia invisible y la asistencia a transacciones íntimas o confidenciales cuya revelación perjudicaría a sus protagonistas. Esa información, aplicada a lo empresarial y lo político, podía llegar a tener gran poder y consecuentemente gran valor”, explica Gorriti para ilustrar las consecuencias de los petroaudios.
Pedro Curico.


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